Extracto del catálogo de la exposición ‘Poco Antes, Poco Después'

Por Ernesto Valcárcel Manescau

Los que tenemos la suerte y el orgullo de conocer a Dion Gary Blake , este experimentado artista "zimbabuense", descubrimos inmediatamente en él dos cualidades que, cuando van juntas, justifican nuestro declarado e incondicional reconocimiento y cordial consideración.

Y me explico: como artista, D.G.B. manifiesta una incuestionable pericia que despliega con fruición por cuantas técnicas, formatos, soportes y lenguajes decide utilizar en su incipiente pero denso proceso evolutivo (eminentemente pictórico pero con concienzudas y constantes incursiones en la escultura, el diseño, la experimentación matérica, la instalación... y todas ellas desde una óptica que conlleva un obvio ingrediente conceptual).

Y como persona funde y nos confunde su sencillez, humildad y aplomo junto a su educación, cultura y perspicacia. Pero ciñámonos al artista –al menos en el léxico empleado, ya que este es inseparable de la persona- y recorramos a grandes rasgos su trayectoria, muy incipiente a niveles públicos –dado que su propio carácter y circunstancias, no le han permitido prodigarse en tales menesteres- pero con contundentes y efectivas intervenciones, que difícilmente escapan a la percepción de cualquier espectador sensible.

Y nada más lejos de una actitud indolente, inconsciente o desinteresada –ya que la creatividad artística constituye  su actividad más constante y eficaz- es solo que avanza "con pies de plomo", al tiempo que, paradójicamente, logra llegar siempre a tiempo y en óptimas condiciones.

Hasta donde conozco su proceso –que cronológicamente se remonta a sus orígenes públicos en 1996, si bien mis datos se basan afortunadamente en una relación previa y más directa, con el artista en el taller, a su paso por la Facultad de Bellas Artes- su desprejuiciado y efectivo recurso y dominio de la pintura –figurativa, ortodoxa, de caballete y con pinceles- se ha sabido complementar, sincréticamente, con las diversas modalidades citadas, en una lúcida, nítida y elocuente interpretación de la contemporaneidad y de la existencia.

 
   
   
Paisajes Geométricos de Dion Blake o el Cielo Recortado

Periódico La Opinión

¿Quién ha recortado el cielo multicolor en cientos de fragmentos que buscan su lugar en el caos?

Caos sistematizado en una cadena de lienzos.

Lienzos que alojan conciertos de matices, manchas, trazos y planos.

Planos que caen como trozos de ese cielo, o como trozos del velo que cubría el rostro de la divinidad (...)

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Paseo por algún lugar

Leoncio González

“¿Quién puso las formas de los árboles dentro de la existencia de los árboles?” (1) Me hago esta pregunta reiteradamente mientras comienzo este paseo por algún lugar, que reconozco como un recoveco de la memoria, sin rumbo ni planes establecidos, y en el que unos magníficos árboles han tomado el protagonismo que quizás en otros tiempos lo tuvieran, o lo seguirán teniendo, geometrías (casas quizás, ventanas o puertas, diamantes planos y mecanismos diversos) acumuladas, empujando el cielo hacia espacios menos ideales; o maderas y nudos estratificados sin orden lógico, establecidos en base a una suerte de matemáticas profundas y creativas (2).

El pintor zimbabuo afincado en Canarias, Dion Blake (Bulawayo, Zimbabwe, 1967), presenta en la sala Conca de San Cristóbal de La Laguna, una nueva colección artística que viene a completar la serie de muestras, hasta cuatro ya, que este artista plástico ha expuesto en la conocida galería lagunera.

La obra colgada en estos primeros compases del año 2009 lleva por título Guilty Pleasures y pretende ser un “paréntesis a consecuencia del agotamiento acumulado en otros trabajos artísticos y por la necesidad de pintar. Se trata de un ejercicio de recuperación, de puro placer” como apunta el propio pintor y que se aleja, de manera momentánea, de las líneas de trabajo habituales que venía desarrollando desde hace algunos años: pinturas geométricamente complejas, esculturas y objetos, formados por elementos cercanos quizás a las corrientes del constructivismo pictórico, el Op-Art o hasta el Cinetic Art del pasado siglo.

¿Qué bosques son estos? La pregunta me atormenta a cada paso. ¿En qué momento de este viaje me he dado cuenta de que estas hojas, ramas y copas, me han acompañado ya durante largo tiempo? El cielo luce gris, amenaza aguacero; sin duda éste es el espacio del recuerdo, el que se representa en un atardecer sin sol, otoñal. Los árboles de la memoria exponen su existencia oculta, sin entrever ninguna sorpresa prevista. No sé cómo son sus troncos, sus frutos, no sé quién los ha plantado ahí (si es que alguien lo ha hecho), ni hasta dónde, ni cuándo existirán. Aunque percibo fuertemente que su ausencia es imposible.

Dion Blake regresa a la sala Conca después de haber realizado su última muestra en 2007 en el Ateneo de La Laguna. Este pintor, doctor en Bellas Artes por la Universidad de La Laguna, cuya principal característica social es el hermetismo que desprende su persona, propone en esta ocasión una serie de cuadros que despiertan en el observador crítico un sentimiento de búsqueda, y asimismo un claro placer por el trabajo estético realizado sin tacha, resultante de, cómo ha dicho Ernesto Valcárcel, “una incuestionable pericia”, no sólo con los pinceles sino también en el campo de la escultura, el diseño y el collage .

He leído que el paseo es la única diferencia entre el ser humano y los animales. Los hombre pasean, los animales merodean (3). Esa frase me ha echado a andar, quizás con la intención, y con la ilusión, de contradecirla; quizás para olvidar o despojarme de la inherente condición humana. Durante el recorrido, los paisajes se han ido intercalando con la propia maquinaria interior: colores, líneas, esferas, formas geométricas que acaso hayan aparecido para remarcar aún más esa esencia humana de la que me he querido sustraer. Tras estas visiones parciales existen, sin duda, cálculos algebraicos que se representan de las maneras más mecánicas, más personales, menos animales posibles.

Blake retoma el paisaje no urbano en esta exposición. Redescubre un modelo natural emanado del horizonte rural, hasta biológico podríamos señalar, en donde encuentra una gran e interesante fuente de inspiración. Una magnífica serie de árboles configura tal vez el peso de esta colección, los cuales ‘danzan' alrededor de unos escenarios reales-irreales, imaginados y fabricados por el propio pintor, que dan lugar a localizaciones, exteriores e interiores, recurrentes.

Ningún animal, ninguna naturaleza, ha generado nunca en su imaginación sucesiones de colores parecidas a éstas formas y diseños. Mas lo aseguro sin certeza ninguna. Esta matemática creativa me conduce, irremediablemente y de nuevo, al hermetismo del paseo. “Exagero: miro con alguna fascinación –hace tanto que no veo gente- a estos abominables intrusos; pero sería imposible mirarlos a todas horas…” (4) gracias a esto, a la necesidad que me urge desde dentro de no se sabe bien dónde, he decidido mirar todos estos panoramas – los reales imaginarios y los que se van generando en la otra mitad, en mi propio silencio- con cierto desparpajo. Pido perdón por saltarme el cartesiano análisis que se suele pedir al entrar en las galerías y los museos. No quiero que nadie me indique cómo tengo que mirar estos vegetales, estos cuadros. Porque si así fuera, en ese momento se convertirían en sólo árboles pintados, en líneas dibujadas. Gracias a esta rebeldía voy sumando las fichas que acaso componen este juego: la ganancia, creo, me está siendo favorable.

Este artista plástico continúa, sin embargo, con su particular filosofía de los materiales pictóricos y escultóricos. Hace acopio de elementos de desecho para dotarse de materias primas. No obstante, hay que dejar claro que no se trata de arte basado en criterios de sostenibilidad, ni nada parecido. El hallazgo de unas tablas inservibles, recortes de papeles pintados, trozos de cartón, y el uso de una pintura acrílica al uso, sin pretensiones ni marcas elitistas y de la que el autor sabe sacar un partido excelente, consigue el fin que pretende: una especie de clima, de temperatura de color, inédita por su sencillez.

“Y otra vez me pregunto:¿cuál puede ser ese desconocido estado que no trae consigo ninguna prueba lógica, sino la evidencia de su felicidad, y de su realidad junto a la que se desvanecen todas las restantes realidades?” (5) Quizás deba sentarme ante estas imágenes y empezar a mojar una magdalena en una tila, en un té rojo, en un rooibos , para que, descansando de este paseo que aún no he terminado (a lo mejor ni siquiera he empezado) y quizás con el evocador sabor de aquel alimento, comiencen a despertarse, a delimitarse, a aclararse, a entenderse, o a explicarse - de manera más clara si cabe- todas las cosas que, bajo formas indiferentes han tomado la mitad de estos parajes.

Luego me levantaré habiendo recibido ya toda la información que se me ocultaba, y estaré listo para sortear de nuevo este camino, esta realidad fílmica en forma de fotogramas aleatorios que me conducen de manera lineal a una geografía pictórica interior. Caminaré pues ligero y con la mirada limpia, para complacerme con el paisaje.

Todo esto convierte el modus operandis de Dion Blake en un arte sencillo de herramientas y protocolos. La iniciativa de esta colección, paralela a su habitual work in progress, ha surgido espontáneamente, sin necesidad de vertebrar un porqué ni de trazar un punto y aparte de ruptura. “No siento ninguna necesidad de explicar esta obra”, sentencia Blake, quien además añade que se trata de una especie de alternativa a lo que estaba haciendo, “pero que no implica que quiera cambiar mi registro, ni que haya acabado con lo otro”, dice refiriéndose al trabajo regular que viene desarrollando sobre los temas y técnicas de los que hemos hablado más arriba.

Los cuadros, las tablas, el papel, la pintura, el agua: deben transmutar rápidamente sin pasar por el tamiz de la explicación lógica y aplastante del mecánico observador artístico, del crítico, del periodista al uso. “En los momentos en que el reino de lo humano me parece condenado a la pesadez, pienso que debería volar como Perseo a otro espacio. No hablo de fugas del sueño o a lo irracional” (6), esto sería lo fácil, lo claramente repetido hasta la saciedad, “las imágenes que busco no deben dejarse disolver como sueños por la realidad del presente y del futuro… (7) ”sino caminar por una senda que, lejos de clarividencias, marque evidencias de que este paseo me conduce a obtener, quizás, cierta levedad.

“Algunos lienzos del recuerdo tienen / luz de jardín y soledad de campo; la placidez del sueño…” (8), para disfrutar de ellos, donde habitan estos magníficos ejemplares vegetales, hay que dejarse de juicios, o de pre-juicios: “No es suficiente no ser ciego / para ver los árboles y las flores. / También es necesario no tener ninguna filosofía. Con filosofía no hay árboles. Sólo hay ideas” (9), y creo que las ideas son accesorias ya a estas alturas. Quiero disfrutar de estos árboles, ser animal merodeándolos, obtener un rédito nuevo, libre y sorprendente del trayecto que me ocupa entre este lugar ignoto en el que me encuentro, rodeado de colores y formas, de cielos y esbeltas florestas en el que la tarde empieza a caer- y al que me dirijo, con la agradable levedad que asigna la sinrazón, con la sencillez y la alegría de ir ligero del pesado equipaje filosófico.


(1) Fernando Pessoa (Ortónimo) La casa blanca el velero negro poema perteneciente a corpus de Lluvia Oblícua. En Un corazón de nadie , edición bilingüe de Ángel Campos. Galaxia Gutemberg, Barcelona, 2001

(2) Dion Gary Blake, exposición individual de 27 obras en Sala Conca, enero de 2004

(3) Paseo estético por una pinacoteca. Un itinerario por las salas del Museo Thyssen Bornemisza de Madrid de Jorge Ucatescu. Ediciones del Serbal, Madrid, 2008.

(4) La invención de Morel , Adolfo Bioy Casares. Alianza Editorial, Madrid 1991.

(5) En busca del tiempo perdido. Por el camino de Swann. Marcel Proust. Alianza Editorial 2004. Traducción de Jaime Salinas y Soledad Salinas de Marichal.

(6) Seis propuestas para el próximo milenio . Ítalo Calvino. Ediciones Siruela, Madrid 1998. Traducción de Aurora Bernárdez.

(7) Idem de la nota anterior.

(8) Del Camino . Antonio Machado. En Poesías Completas . Editorial Espasa Calpe 1990.

(9) Poemas inconjuntos . Alberto Caeiro, heterónimo de Fernando Pessoa. En Un corazón de nadie , edición bilingüe de Ángel Campos. Galaxia Gutemberg, Barcelona, 2001

 
   
   
Guilty Pleasures

Periódico EL DÍA

El creador zimbabuense Dion Blake, afincado en Tenerife, exhibe su última
obra en la sala Conca de La Laguna bajo el epígrafe “Guilty Pleasures”, en la
que combina la figuración realista con una depurada abstracción geométrica.


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